¿Sostenibilidad, una tendencia inminente?

En los últimos años, la sostenibilidad ha estado en boca de todos. Pero ¿entendemos su significado? Sostenibilidad es, simplemente, atender las necesidades del presente sin comprometer o poner en riesgo las necesidades del futuro. Como integrantes de la industria del empaque nos enfrentamos constantemente a retos para introducir nuestros productos a una legítima economía circular, siendo necesario un balance entre el planeta, la población y la economía.

La organización Sostainable Packaging Coalition, un grupo de empresas proveedoras de materias primas e insumos, productoras de empaque, y fabricantes de productos de consumo que empuja a nuestra industria a avanzar en temas de sostenibilidad mediante colaboración, educación y acción, define un empaque sostenible como, no solo aquel que es fabricado de acuerdo con el criterio de sostenibilidad, sino también aquel que cumple con el desempeño y los costos requeridos por el mercado, por lo tanto, debe poder promocionar y conservar adecuadamente su contenido, a un costo accesible.

Basados en una economía circular, los empaques han tenido que diseñarse pensando en: 1- reutilización, 2- reducción de masa, 3- reciclabilidad o, 4- fuentes renovables. En este sentido, la demanda y necesidad de información de envases biodegradables empezó a crecer considerablemente, en especial en países donde la legislación obligaba a eliminar los plásticos de un solo uso, afectando directamente a los fabricantes de bolsas camiseta para supermercados, de bolsas para boutiques y de bolsas para basura, entre otros. Lamentablemente, el crecimiento de esta alternativa se vio obstaculizado por la falta de capacidad instalada para llevar a cabo los procesos de biodegradación o compostaje, por la dificultad logística en la recolección de desechos y por los altos costos de su materia prima, volviéndola poco atractiva para el mercado latinoamericano. Es aquí donde otras opciones han sustentado mayormente las necesidades de los convertidores para una economía circular. A continuación, detallaré las más comunes:

Los empaques flexibles monomateriales, que son aquellos cuyas estructuras laminadas son compuestas por películas de un solo polímero. Entre los más comunes están las estructuras de solo poliétileno, polipropileno o poliéster. Esta característica los hace más amigables a los procesos de reciclaje, reconociendo que cada polímero requiere un tratamiento diferente. Pero ¿qué entendemos por reciclaje? Es un proceso de transformación de un objeto para poder introducirlo en un nuevo ciclo de vida. La combinación de especificaciones, como apariencia, protección y maquinabilidad, que ofrecen los  empaques multipolímeros, ya ha sido igualada por las estructuras monomateriales, con películas muy transparentes, de altas barreras, y de buena sellabilidad.

Estructuras más delgadas, son aquellas que, sin variar su composición polimérica, contienen menos peso, debido a la reducción de calibres de una o algunas de sus capas. Una tendencia muy visible actualmente en el mercado son el uso de poliésteres de 10, 8 y 6 micras. Estos tienen características similares, en cuanto a maquinabilidad, barrera y energía superficial, con el poliéster de 12 micras, con la ventaja de que aportan menos peso y grosor a la estructura final. Empaques para café molido y en grano, leche en polvo, jugos deshidratados, stand up pouches como multiempaque , son ideales.

Los materiales monocapa, son aquellos que no solo obedecen a la reciclabilidad, sino también a la reducción de masa. Estos se caracterizan por no ser laminados, por ser más delgados, y por agrupar beneficios en su apariencia, maquinabilidad, sellabilidad y tamaño de masa. Entre los más comunes están los polipropilenos de calibres mayores a 30 g/m2, utilizados en la fabricación de envoltura para chocolates y de etiquetas wrap around para refrescos y los polietilenos biaxialmente orientados para empaques de detergentes o comidas congeladas. A estos último materiales monocapa, podría aplicárseles una laca de barrera para darles mayores características de protección.

Las películas con contenido PCR (post-consumer resin), son aquellos que, en la capa central de su coextrusión, tienen polímeros reciclados provenientes de fuentes completamente diferentes que han sido utilizadas por consumidores finales. Una de sus principales características es que conservan las prestaciones de sus homólogos vírgenes. El ejemplo más común es el poliéster, en el que su contenido PCR se origina de la pelletización de las botellas de agua. Estas películas se caracterizan por ser aprobadas para contacto directo con alimentos, debido a que su composición no es tóxica y es libre de agentes o aditivos migrantes peligrosos. En este grupo, también se escuchan mucho los polietilenos PCR para empacar productos no alimenticios, como repuestos, detergentes y otros.

Las resinas biobasados, son aquellas que provienen de fuentes naturales renovables. Estas no necesariamente son biodegradables ya que su propósito no lo requiere porque son utilizados para fabricar empaque para almacenamiento, transporte o comercialización. En este grupo se encuentran comúnmente envases rígidos y flexibles y las fuentes más comunes son la fécula de maíz, de la que se extrae su materia prima principal, el ácido poliláctico (PLA), y la caña de azúcar.

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